Si bien no es una enfermedad mortal, te contamos que es tan molesta e incómoda que podría no sólo hacer perder tu trabajo, sino que también toda tu vida social. Habla especialista.
Síndrome de las piernas inquietas es el nombre de la enfermedad que afecta a cerca de medio millón de personas en nuestro país, siendo las mujeres las que tienen mayor probabilidad de padecer de este poco conocido mal.
Se trata de una enfermedad que obliga al que la padece a mover las piernas en todo momento y que imposibilita a la paciente a realizar actividades tan cotidianas como estar sentada y quieta durante una función de cine.
Si bien no es un mal que pueda provocar mortalidad, sí es una enfermedad bastante molesta que provoca, entre otras cosas, problemas para dormir. Quisimos saber un poco más de este síndrome y para eso contactamos a una mujer que lo padece y a la doctora Evelyn Benavides, neuróloga, especializada en la unidad de Trastornos del Sueño.
El drama de Leonor...
Leonor Recart tiene 69 años y desde hace unos tres años comenzó a tener problemas para conciliar el sueño. ¿La causa? Sus piernas. "Cuando me empezaba a quedar dormida, tenía que mover las piernas, y por lo menos me demoraba una hora en quedarme dormida”, cuenta.
Lo que sentía Leonor en sus piernas no era específicamente dolor, ella más bien lo describe como un hormigueo molesto e insistente que desaparecía cuando movía sus piernas.
Por esto, lentamente cosas tan cotidianas y normales como ir al cine se transformaron en una verdadera pesadilla. “Para mí era un suplicio ir al cine, cuando estaba terminando la película me empezaba a mover como trompo y molestaba a todos, era algo terrible”, relata.
Fue viendo un programa de la televisión argentina que se enteró que lo suyo no era “algo de la vejez”, como pensaba, sino que era una enfermedad con un nombre curioso, pero a la vez didáctico.
“Cuando me dijeron que mi enfermedad se llamaba síndrome de piernas inquietas, me reí porque lo encontré tan divertido, imagínate que en Argentina le llaman piernas locas”, cuenta Leonor con humor.
Actualmente esta mujer, quien según cuenta, en su juventud efectivamente presentó problemas para permanecer sentada durante mucho tiempo, se encuentra bajo tratamiento médico.
“Ahora estoy tomando una pastilla que me está haciendo bastante bien y hoy me fui a hacer un escáner y también me tengo que hacer unos exámenes de sangre”, puntualiza.
Pero ¿cómo es que Leonor llegó a tener esta poco conocida enfermedad?
¿De qué se trata?
La doctora Evelyn Benavides, neuróloga, especializada en la unidad de trastornos del sueño, nos explica que este síndrome “es un trastorno neurológico con síntomas sensitivos y motores que se caracteriza por una urgencia irresistible por mover las piernas (y en ocasiones también los brazos), acompañado de una sensación desagradable (hormigueo, burbujas bajo la piel), que ocurre o empeora en la tarde y con el reposo, y que se alivia temporalmente con el movimiento”.
¿A qué edad se puede presentar esta enfermedad? De acuerdo a la especialista “este mal se presenta a cualquier edad de la vida (incluso hay niños pequeños que lo tienen), pero aumenta la incidencia con la edad, siendo de hasta un 10% en personas sobre 50 años”.
Respecto a los síntomas clásicos que advertirían de este mal, la especialista aclara que son los siguientes: hormigueo, calambres, sensación quemante en piernas y o brazos, imposibilidad de dormir, alteración en los aspectos sociales, laborales y calidad de vida de quien la padece.
¿Qué tratamiento tiene este síndrome? De acuerdo a la neuróloga “el tratamiento pasa primero por el correcto diagnóstico de la enfermedad. Hay varias otras patologías que pueden ser similares, pero con tratamiento diferente.
Una vez, realizado el diagnóstico, y evaluando causas secundarias que también producen SPI (insuficiencia renal, déficit de vitamina B12, enfermedad de Parkinson, entre otras), se indican medidas como suspensión del tabaco, alcohol y cafeína, se investiga si hay consumo de medicamentos que empeoran la enfermedad (por ej antidepresivos), se administra Fierro si hay déficit de éste”.
“Además, existen fármacos específicos para el tratamiento de los síntomas, entre los cuales destacan algunos que aumentan la cantidad de dopamina (neurotrasmisor que estaría disminuído en algunas zonas del cerebro en pacientes con SPI)”, agrega.
¿Se puede prevenir?
Lamentablemente la respuesta a esta pregunta es negativa. Incluso, según explica la neuróloga, hay ciertos factores genéticos que aumentan el riesgo de padecer de este síndrome.
Ahora, si bien esta mal no es mortal bajo ningún caso, les contamos que si la persona no se trata a tiempo, puede comenzar a rendir menos en el trabajo y empeorar su calidad de vida.
“El tratamiento, en general, no cura la enfermedad, pero mejora la calidad de vida, ánimo y rendimiento en la mayoría de los pacientes”, finaliza la doctora.